Segunda semana de hibernación

Es cierto que la crisis producida por la pandemia del coronavirus es grave, es cierto que la gente tiene miedo al contagio y sufre por los suyos y es cierto que nunca antes se había vivido algo de esta magnitud.  Pero yo me pregunto, ¿es necesario que la mayoría de mensajes económicos que nos llegan sean apocalípticos?

¿Por qué se empeña todo el mundo en dar malas noticias y son muy pocos los que transmiten optimismo, aunque sea moderado? Por ejemplo, es posible creer que habrá un rebote de la economía, quizá no en un mes, pero sí en un razonable corto plazo. Es una probabilidad, dado que la crisis es coyuntural, no estructural.  Esta es la opinión de Nadia Calviño, ministra muy respetada. Yo me apunto.

Pues no, ejemplo de lo que abunda, titulares del tipo ¡7 millones de parados! Eso es para dar miedo, ¿o si no para qué lo publican? ¿Están contabilizados los que están en ERTES  y volverán pronto al trabajo, y que por lo tanto en un breve espacio de tiempo ya serán menos de 7 millones? Silencio sobre eso. ¡Ruina en las empresas!, hombre, no estamos para tirar cohetes, pero el parón lo superaremos, aunque con dificultades y sin beneficios. Otro año será.

Y yo me pregunto, ¿alguien sabe a ciencia cierta cómo va a recuperarse la economía después del confinamiento? ¿Todos los expertos que opinan sin cesar han vivido una situación como esta anteriormente para argumentar con tanta vehemencia?

 ¿Por qué todo el mundo se empeña en ser tan cenizo? Si de verdad hiciéramos caso de gran parte de las previsiones sería mejor que ya no abriéramos nunca más nuestros negocios. ¿Para qué?, si según todos los oráculos estamos condenados al abismo.

Que el turismo no está para alegrías es una realidad y la cultura y el deporte, tampoco. Ellos serán los últimos en normalizarse. Pero los que nos hemos visto privados de tan buenos ratos de ocio, seguro que volveremos a gastar en esos sectores. ¡Es nuestro deber ya que el estado NO va a llegar a todo!

Demos alas a los valientes, no a los miedicas. Señoras y señores, vamos a ponernos todos las pilas, y que cada uno de nosotros aporte nuestro granito de arena, nada de deconstruir, al contrario, batallemos por nuestro bienestar como los sanitarios y demás servicios esenciales que ahora cuidan de nosotros. Ellos son nuestro mejor ejemplo.

Ánimo queda un día menos. 

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